La Monarquía que Tropezó con su Propria Proclamación
Noticia publicada en el periódico O Século el 24 de enero de 1919
LA MONARQUÍA QUE TROPEZÓ CON SU PROPIA PROCLAMACIÓN
La capital fue escenario de acontecimientos que, a pesar de la solemnidad con que se proclamaron, tuvieron un carácter más propio de una novela que de una crónica sobre el restablecimiento del orden estatal.
Como es sabido, el 22 de enero de 1919, un grupo de militares tomó el Fuerte de Monsanto y izó allí la bandera monárquica. Se estableció un vínculo con el movimiento de la Monarquía del Norte, en Porto, y con Henrique Mitchell de Paiva Couceiro, con el objetivo de coordinar la insurrección y dotarla de contenido político.
Desde un punto de vista simbólico, el proyecto era perfecto, pero su ejecución resultó menos convincente.
Al mismo tiempo, los monárquicos, liderados por Hipólito Raposo y Alberto Monsaraz, prepararon la toma de la emisora de radio de Monsanto para comunicarse con Porto. El 22 de enero, durante la toma del Fuerte de Monsanto, tuvo lugar una manifestación pública con motivo de la lectura oficial de la proclamación de Alberto Monsaraz, que se convirtió en un episodio embarazoso: las vacilaciones, los tartamudeos y las pausas prolongadas dieron la impresión de que la proclamación fuera irónica.
El incidente suscitó perplejidad y sospechas, llegando algunos a pensar que el extraño comportamiento del lector había sido provocado por un posible soborno en forma de Vino de Oporto, ofrecido por un grupo de delincuentes recientemente conocido, que se había apoderado de setenta y cinco mil toneladas de vino en circunstancias inexplicables. Según los monárquicos del Norte, ese vino debería transformarse en biocombustible para satisfacer las necesidades de la guerra y del progreso. Este episodio plantea dudas sobre la disciplina y la gestión oficiales, y demuestra que la monarquía puede tropezar no por los golpes de sus enemigos, sino por sus propias palabras.
Comentarios